4.1 Introducción
Las Leyes de Newton, también conocidas como Leyes del movimiento de Newton,1 son tres principios a partir de los cuales se explican la mayor parte de los problemas planteados por la dinámica, en particular aquellos relativos al movimiento de los cuerpos. Revolucionaron los conceptos básicos de la física y el movimiento de los cuerpos en el universo, en tanto que
constituyen
los cimientos no sólo de la dinámica clásica sino también de la física
clásica en general. Aunque incluyen ciertas definiciones y en cierto
sentido pueden verse como axiomas, Newton afirmó que estaban basadas en
observaciones y experimentos cuantitativos; ciertamente no pueden
derivarse a partir de otras relaciones más básicas. La demostración de
su validez radica en sus predicciones... La validez de esas predicciones
fue verificada en todos y cada uno de los casos durante más de dos
siglos.2
En concreto, la relevancia de estas leyes radica en dos aspectos:
- Por un lado, constituyen, junto con la transformación de Galileo, la base de la mecánica clásica;
- Por otro, al combinar estas leyes con la Ley de la gravitación universal, se pueden deducir y explicar las Leyes de Kepler sobre el movimiento planetario.
Así, las Leyes
de Newton permiten explicar tanto el movimiento de los astros, como los
movimientos de los proyectiles artificiales creados por el ser humano,
así como toda la mecánica de funcionamiento de las máquinas.
Su formulación matemática fue publicada por Isaac Newton en 1687 en su obra Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.
No obstante, la
dinámica de Newton, también llamada dinámica clásica, sólo se cumple en
los sistemas de referencia inerciales; es decir, sólo es aplicable a
cuerpos cuya velocidad dista considerablemente de la velocidad de la
luz(que no se acerquen a los 300,000 km/s); la razón estriba en que
cuanto más cerca esté un cuerpo de alcanzar esa velocidad (lo que
ocurriría en los sistemas de referencia no-inerciales), más
posibilidades hay de que incidan sobre el mismo una serie de fenómenos
denominados efectos relativistas o fuerzas ficticias, que añaden
términos suplementarios capaces de explicar el movimiento de un sistema
cerrado de partículas clásicas que interactúan entre sí. El estudio de
estos efectos (aumento de la masa y contracción de la longitud,
fundamentalmente) corresponde a la teoría de la relatividad especial,
enunciada por Albert Einstein en 1905.
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