6.7 Pulsos
Un pulso es una
perturbación de corta duración generada en el estado natural de un
punto de un medio material que se transmite por dicho medio. Podemos
producir un pulso, por ejemplo, realizando una rápida sacudida en el
extremo de un muelle o de una cuerda, lanzando una piedra al agua de un
estanque, dando un golpe a una mesa o produciendo una detonación en el
aire.
En
esta experiencia las vibraciones tienen lugar en la misma dirección en
la que se propagan y decimos que se trata de un pulso de onda
longitudinal.
Un ejemplo de
onda longitudinal es el sonido. Se pueden producir pulsos sonoros
golpeando un objeto sólido. El objeto vibra y empuja al aire que lo
rodea produciéndole una compresión que se traslada a una velocidad de
unos 340 m/s. La propagación es longitudinal porque el aire es una
disolución gaseosa sin fuerzas de cohesión entre sus moléculas. Por
ello, la perturbación únicamente se propaga en la dirección en la que
unas moléculas "chocan" con sus vecinas.
Otra forma de
generar un pulso para que viaje por el muelle se muestra en el clip de
vídeo adjunto. Ahora la alumna estira unos pocos anillos del muelle en
dirección perpendicular a él, y los suelta de golpe. Se forma una cresta
o protuberancia que avanza a lo largo del muelle, e, igual que ocurre
en la experiencia anterior, se refleja en el otro extremo para volver en
sentido contrario.
En este caso,
las vibraciones tienen lugar en una dirección perpendicular a la de
propagación y decimos que se trata de un pulso de onda transversal.
Un ejemplo de
ondas transversales son las que se producen en la superficie de un lago o
de un estanque. Entre las moléculas del agua se ejercen fuerzas
intermoleculares de cohesión y la vibración vertical producida en un
punto del agua se traslada por la superficie (horizontalmente) en todas
las direcciones. La velocidad a la que se propagan las olas depende de
la elasticidad del agua, determinada a su vez por propiedades como su
composición, densidad.
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